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La leyenda de Mahaduta
(Jataka)
6) La buena fortuna llega al
agricultor
como recompensa por su buena acción
El hombre gordo había estado escuchando impacientemente.
–Sí, sí, toda esta cháchara filosófica
está muy bien –dijo alzando la voz–, ¡pero ahora
hablemos de negocios!
Y girándose hacia Devala continuó:
–Deja que me presente, soy Mallika el banquero, amigo de Pandú.
Tengo un contrato con el secretario del rey para proveer el mejor arroz
para su cocina, pero hace tres días, mi competidor, deseando mi
fracaso frente al rey, compró todo el arroz en Varanasi. Si no
hago la entrega mañana estaré arruinado. Pero ahora, amigo
mío, tú estás aquí, ¡y eso es lo que
importa! ¿Es tu arroz de primera calidad? ¿Fue dañado
por el idiota de Mahaduta? ¿Cuánto arroz tienes? ¿Tienes
un acuerdo para venderlo? ¡Habla!
Sonriendo ante la impaciencia del banquero, Devala contestó:
–He traído mil quinientas libras de arroz de primera calidad.
Sólo uno de los sacos se mojó un poco en el barro. No tengo
nada apalabrado y tenía previsto llevarlo al mercado mañana
por la mañana.
–¡Espléndido! ¡Espléndido! ¿Al mercado dices? –Mallika exclamó frotándose las manos–.
Supongo que aceptarás el triple de lo que obtendrías en
el mercado, ¿no?
–Lo aceptaré –respondió Devala.
–Claro que sí –dijo el banquero.
Llamó a sus sirvientes e hizo que descargaran el carro de Devala
inmediatamente, y se dispuso a pagarle generosamente. Al mismo tiempo
que contaba y ponía las monedas de oro en las manos de Devala,
le dijo a Pandú:
–Un hombre nunca sabe de dónde vendrá la ayuda cuando
la necesita. Nunca pierdas la esperanza, pues la vida es un maravilloso
misterio, ¿no?... Y esto completa el pago.
–¡No lo malgastes en el juego! –dijo Mallika a Devala–.
Mientras se retiraba riéndose para continuar con su cena.
Devala no tenía intención de gastárselo en juegos
o apuestas. Él ya había tomado la resolución de ir
al monasterio donde el Venerable Narada vivía y ofrecer la mitad
de su beneficio a la Triple Joya. El resto se lo llevó a su casa
y lo gastó con cuidado a medida que lo necesitaba. A partir de
ese día vivió prósperamente. Debido a su honestidad
y sabiduría la gente de su pueblo llegó a considerarlo como
su líder.
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